Cuando hablamos de Alzheimer, es fácil imaginar una enfermedad que aparece de repente muchos años después de haber llevado una vida completamente normal.
La ciencia cuenta una historia bastante diferente.
El riesgo de desarrollar demencia se construye a lo largo de la vida. La edad sigue siendo el principal factor de riesgo conocido, pero no es el único: hipertensión, diabetes, inactividad física, pérdida auditiva, tabaquismo, depresión, obesidad, traumatismos cerebrales, contaminación del aire y aislamiento social, entre otros factores, también forman parte de la ecuación.
La Comisión Lancet de 2024 estimó que hasta el 45% del riesgo global de demencia podría estar relacionado con 14 factores potencialmente modificables. La cifra no significa que el 45% de los casos pueda evitarse simplemente cambiando algunos hábitos: se trata de una estimación poblacional y no de una garantía individual. Pero sí muestra algo importante: el deterioro cognitivo no está completamente determinado por la edad o la genética.
Y ahí aparece una idea clave: prevenir no significa esperar a tener problemas de memoria para empezar a cuidarse.
Controlar la presión arterial, mantener actividad física, cuidar la audición y la visión, evitar el tabaquismo, alimentarse de manera saludable y mantenerse social y cognitivamente activo forman parte de un enfoque de cuidado cerebral que puede comenzar mucho antes de la vejez. La Organización Mundial de la Salud incluye varias de estas medidas entre sus recomendaciones actuales para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
También conviene mirar con cuidado la otra cara de la prevención: la medicalización.
En personas mayores es frecuente encontrar múltiples medicamentos utilizados simultáneamente. Una revisión y metaanálisis de 2024, que reunió 27 estudios y más de 124 millones de adultos mayores, encontró una asociación entre la polifarmacia —cinco o más medicamentos— y un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Esto no demuestra que tomar muchos medicamentos provoque necesariamente deterioro, pero sí refuerza la importancia de revisar periódicamente si cada tratamiento continúa siendo necesario.
Cuidar el cerebro, entonces, no significa buscar una pastilla capaz de resolverlo todo.
Significa mirar el conjunto: movimiento, sueño, vínculos, alimentación, salud cardiovascular, audición, estimulación cognitiva y tratamientos adecuados cuando realmente hacen falta.
Porque cuando hablamos de Alzheimer, la prevención no empieza cuando aparece el olvido.
Empieza mucho antes.
Referencias científicas
- Livingston G. et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet, 2024.
- Organización Mundial de la Salud. Dementia, actualización 2026.
- Bellou V. et al. Potentially Modifiable Risk Factors for Dementia and Mild Cognitive Impairment: An Umbrella Review and Meta-Analysis. 2024.
- Yu X. et al. Association between polypharmacy and cognitive impairment in older adults: A systematic review and meta-analysis. Geriatric Nursing, 2024.