Un experimento con más de 1.100 estudiantes universitarios encontró que una modificación aparentemente simple en la rutina de sueño logró aumentar las horas de descanso y también mejorar las calificaciones. El resultado podría cambiar la forma en que entendemos el rendimiento académico.
Si alguna vez te quedaste estudiando hasta las dos o tres de la mañana convencido de que esas horas extra iban a ayudarte a aprobar un examen, quizás estabas haciendo exactamente lo contrario.
Un nuevo estudio encontró que ayudar a los estudiantes a dormir más puede tener un efecto concreto sobre su rendimiento académico. Y lo más llamativo es que los investigadores no les pidieron que estudiaran más, cambiaran su alimentación ni hicieran más ejercicio: simplemente buscaron modificar sus hábitos de sueño.
La investigación, publicada en Journal of Political Economy, siguió a más de 1.100 estudiantes universitarios en Estados Unidos. Al comenzar el experimento, los participantes dormían en promedio apenas 6,6 horas por noche. Cerca de la mitad se acostaba después de la una de la madrugada y uno de cada cuatro lo hacía después de las dos. Solo el 15% dormía más de siete horas al menos una noche por semana.
¿Qué hicieron los investigadores?
Los estudiantes fueron divididos en diferentes grupos. Uno continuó con sus hábitos habituales, mientras que otro recibió una pulsera Fitbit y una aplicación diseñada para ayudarlos a dormir más.
La aplicación enviaba recordatorios para irse a dormir, ofrecía información sobre sus patrones de descanso y, además, incorporaba un incentivo económico: los participantes podían recibir 4,75 dólares por cada noche de sueño.
El resultado fue inmediato.
Los estudiantes que recibieron la intervención aumentaron en 26% la proporción de noches en las que dormían al menos siete horas. En promedio, consiguieron dormir 19 minutos más por noche.
Pero el dato verdaderamente interesante apareció cuando los investigadores miraron las calificaciones.
Dormir más se tradujo en mejores notas
Los estudiantes que participaron de la intervención obtuvieron entre 0,075 y 0,089 puntos más en su promedio académico durante el semestre.
Y hay otro detalle importante: el efecto no desapareció completamente cuando terminaron los pagos y los recordatorios. Después de finalizada la intervención todavía dormían unos ocho minutos más por noche que antes.
Para los investigadores, esto sugiere que la intervención no solo consiguió que los estudiantes durmieran más durante el experimento, sino que también pudo ayudar a generar un cambio de hábito.
El efecto fue particularmente marcado entre los estudiantes de primer año y en las carreras vinculadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. También fue más evidente en las clases que se dictaban alrededor del mediodía, un resultado que los investigadores interpretan como una posible señal de que descansar mejor ayuda especialmente cuando las tareas requieren mayor esfuerzo cognitivo.
Y no: no estudiaron menos
Una de las partes más interesantes del experimento es que los estudiantes no simplemente reemplazaron horas de estudio por horas de sueño.
El tiempo total dedicado a estudiar prácticamente no cambió. Lo que sí cambió fue cuándo estudiaban: parte del estudio que antes realizaban durante la tarde pasó a las primeras horas de la mañana.
Además, establecer una rutina de sueño más saludable estuvo acompañado por una reducción en el uso de pantallas durante la noche. Los participantes también dijeron sentirse más capaces de afrontar el estrés, aunque la intervención no produjo cambios significativos en las mediciones generales de salud mental ni en la actividad física.
La lección es bastante simple
Durante años, la falta de sueño entre estudiantes universitarios prácticamente se convirtió en parte del paisaje: noches largas, pantallas hasta la madrugada y horas de estudio sacrificando descanso.
Este experimento plantea una idea bastante incómoda para quienes creen que rendir más significa pasar más horas despiertos:
quizás una de las formas más eficientes de estudiar sea dejar de estudiar y dormir.
La investigación no demuestra que dormir una determinada cantidad de horas vaya a subir automáticamente las notas de cualquier persona. Tampoco significa que dormir más pueda reemplazar estudiar.
Pero sí aporta evidencia experimental de que mejorar el sueño puede convertirse en una herramienta concreta para mejorar el rendimiento académico, especialmente entre estudiantes que parten de rutinas de descanso deficientes.
Así que la próxima vez que estés frente a un examen a medianoche y pienses en estudiar «solo una hora más», quizás la pregunta correcta no sea cuánto te falta estudiar.
Quizás sea cuánto te falta dormir.